Entrevista exclusiva para la Festibity
Anna N. Schlegel fue reconocida a finales de año como la mujer más influyente del mundo en el ámbito de la tecnología según la revista Analytics Insight.
Nacida en Olot (Girona), estudió filología inglesa y alemana y desde 1992 vive en EUA donde ha trabajado para grandes multinacionales como Cisco, Xerox o VMware. Actualmente es vicepresidenta de NetApp, una de las grandes empresas de Silicon Valley, dedicada al almacenamiento de datos.
Además, está involucrada en varias ONG y en 2016 publicó Truly Global, un libro de referencia sobre la internacionalización empresarial.
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¿Cómo llega una filóloga de Olot a ser vicepresidenta de una de las principales empresas de Silicon Valley? ¿Cuál ha sido tu recorrido?
Son muchos pequeños pasos. Yo siempre me enfoqué en la parte más tecnológica de la lengua. Cuando estudié filología, hace trenta años ,ya estaba fascinada por cómo las teclas de un ordenador donde escribes (o máquinas de escribir en aquel momento) son diferentes en cada país, por ejemplo. Ya había estado en países como Inglaterra o Alemania y me fascinaba el mundo de la tecnología y de los idiomas y siempre he enfocado mi carrera hacia esta vertiente.
Es muy importante ser plenamente consciente de que los productos, para que puedan funcionar en todo el mundo, necesitan mucho de la lengua. Son los idiomas los que pueden hacer que los productos se introduzcan en distintos países. En el año 92 llegué a EUA y creé mi primera start up. Uno de mis primeros clientes fueron Levi ‘s. Trabajamos en cómo se introduciría la marca en los diferentes países con temas como las etiquetas. Tienes que pensar que hace treinta años de eso, no existía internet.
«Es importante ser consciente que los productos, para que puedan funcionar en todo el mundo, necesitan mucho de la lengua.»
Tal y como comentas, la lengua es un elemento determinante a la hora de globalizar con éxito un producto. En un mundo como el tecnológico en que prima mucho el inglés, ¿las otras lenguas son importantes a la hora de exportar?
Sí, totalmente. En los productos digitales los idiomas son muy importantes. Yo veo cosas escritas en idiomas que no entiendo y no las utilizo. Es muy simple esta idea, ¿no? Los japoneses son los que lo tienen más claro y si un producto no está en su idioma, no lo utilizan. Yo creo que muchas sociedades actualmente no estamos protegiendo la lengua y no debemos olvidar que una lengua es el reflejo de una cultura. A mí me sabe muy mal que muchas lenguas estén desapareciendo.
Sin embargo, a las empresas, el hecho de que los productos estén en todos los idiomas les supone una inversión de dinero y tiempo. Yo trabajo para que esto no sea una excusa. Recientemente desde NetApp hemos sacado una patente que hace que la internacionalización del código no sea un problema, no lo tengan que arreglar los humanos, sino que lo hace la inteligencia artificial.
Las compañías tienen que entender quién es su cliente y estar obsesionadas por este cliente y por eso es necesario que los productos estén en su idioma.
Tu trayectoria está muy ligada a la globalización y hace casi cinco años publicaste el libro Truly Global, que se ha convertido en una herramienta de cabecera para cualquier empresario. ¿Cuáles son las claves para la internacionalización de un producto más allá del idioma?
Es como una orquesta, hay muchas cosas que deben estar entrelazadas para que la internacionalización funcione. No es sólo el marketing o sólo la ingeniería. Es el producto, el código, el marketing, las clases del producto, que el equipo de los centros de soporte entienda el producto profundamente, que los precios sean razonables, etc. Todo el equipo debe estar coordinado y en la misma página.
También es esencial que haya una ruta para el producto y que los equipos de venta lo entiendan. Y, por ejemplo, para los productos de NetApp, que son productos de software para almacenar datos, es primordial que haya suficiente capacidad para la nube en la zona donde se quieren introducir.
«Como la nube, de momento, no hay nada parecido. ¡El mercado de la nube hoy por hoy está a treinta trillones de dólares y superará al de Internet!»
¿Qué tendencias tecnológicas marcarán el futuro más inmediato? La nube es uno de los elementos claves, pero, ¿qué otros hay?
Como la nube, de momento, no hay nada parecido. ¡El mercado de la nube hoy por hoy está a treinta trillones de dólares y superará al de Internet! Otro tema esencial son los drones. Yo tengo un hijo que está estudiando la carrera de drones y será una de las primeras personas que la acabará. Otras tendencias muy importantes son el Bitcoin, los automóviles eléctricos, el espacio y la órbita y la impresión 3D. En un futuro no tan lejano la gente tendrá impresoras 3D en casa. Yo, por ejemplo, estoy ayudando a una señora que está mirando como imprimir las gafas en casa.
Los mundos virtuales también están ganando mucha relevancia. Aunque ya hace años que hablamos de ellos, la Covid-19 ha acelerado su adopción. Te permiten desde jugar a un juego a probar como quedaría una nueva decoración para tu casa o como te quedaría una determinada prenda.
Y obviamente también el deep learning y la inteligencia artificial. Esto para los filólogos es impresionante ya que la inteligencia artificial a fondo se basa en las palabras y la hacen los lingüistas. El deep learning ayudará a hacerlo todo más simple porque si muchos médicos del mundo se ponen en la misma base de datos a solucionar un problema de cáncer, iremos mucho más rápido.
El Big Data es uno de los temas del momento, pero también genera muchos debates. ¿Crees que se debe poner un límite en el uso que se hace de los datos?
Con el Big Data lo que está pasando es que falta muchísima educación y conciencia. Todos estamos en Facebook o en Instagram y, por tanto, todos estamos participando, contribuyendo. El uso de los datos está totalmente descontrolado y evidentemente que se debería regularizar, pero muchas empresas no lo asumen porque se están haciendo multimillonarias con nuestra información. Aunque es muy difícil huir de esto, aquí en Silicon Valley hay mucha gente que está saliendo de estas redes y entrando en otras más éticas.
El problema es que, aunque hay unos estándares básicos de protección de datos, cada organización las gestiona de manera diferente y hay ejecutivos y empresas que son éticas y otros que no lo son.
Has conseguido una posición «top» en un mundo muy competitivo y en un sector tradicionalmente masculino. ¿Te has encontrado con más obstáculos por el hecho de ser mujer?
¿Qué pregunta es esa? (risas) Cada día. Me parece que no hay un día que no. Cuando ven una mujer en una posición de presidencia, vicepresidencia o con una cierta posición, te cuestionan muchas cosas y te encuentras con comentarios del tipo: «¿Quién te ha dado este trabajo?», «Debes trabajar muchas horas, ¿no?», «Eres muy intimidante». Lo que hay que conseguir es que esto no te afecte. Aquí en Silicon Valley hay muchas mujeres que han llevado a hombres a juicios, pero yo siempre he optado por hacerlo mejor que ellos. Las mujeres no tenemos que ponernos nerviosas, tenemos que prepararnos bien y enseñar nuestras ideas, nuestro valor. Prepararte tan bien, que seas imparable. Aunque evidentemente que hay casos donde se tiene que ir a juicio, tienes que aprender muy bien a colaborar y estar muy alerta de todo.
Sin embargo, la presencia de mujeres en cargos directivos sigue siendo baja. ¿Qué crees que se debería hacer para mejorarlo? ¿Las cuotas podrían funcionar?
Evidentemente que las compañías tienen que priorizar la paridad. Sin embargo, encontrar mujeres preparadas en según qué ámbitos y niveles es difícil. Por ejemplo, en NetApp hace meses que estamos buscando una vicepresidenta de ingeniería y queremos que sea mujer, pero no la encontramos. Yo busco mujeres y no las encuentro, aunque estamos pidiendo a universidades y tenemos headhunters.
Es necesario preparar a las mujeres. Llegar a según qué posiciones es muy difícil y requiere mucho esfuerzo. La cantidad de trabajo, la presión, la competencia … son bestiales.
En NetApp hay un 30% de mujeres pero en ingeniería sólo un 17% y de ejecutivas sólo somos el 2%. Ahora mismo hay muchas chicas jóvenes ingenieras que están entrando provenientes de la universidad. La mayoría de estas chicas son de la India o de China pero no de Europa donde hay otra mentalidad, una idea de vida más equilibrada.
Es un problema que ya viene de la universidad. Los porcentajes de chicas en carreras tecnológicas siguen siendo muy bajos.
Totalmente, es un problema que ya viene de la universidad, es todo el ecosistema. Cuando las chicas jóvenes entran en una empresa tan grande como NetApp, se las debe cuidar mucho para que se adapten a una máquina que va a todo trapo. Es necesario que tengan un mentor que las guíe. Sin embargo, te puedes encontrar en una reunión con un señor que no está acostumbrado a trabajar con una chica joven con ideas y opiniones muy válidas y fuertes, y se genera un choque.
Yo soy la cofundadora de Women in Localization, una organización que trabaja para fomentar una comunidad global para el progreso de las mujeres y de la industria de la localización, y uno de los aspectos esenciales que llevamos a cabo es el mentoring. Ante las dificultades en que nos encontramos las mujeres, les enseñamos a salir adelante, a ser fuertes y contundentes. A no dejar que todo esto les afecte.
En definitiva, faltan más mujeres preparadas en el sector y que las empresas hagan programas para que entren y que no vuelvan a marchar.
«Al sector tecnológico de Cataluña y España le falta financiación. No es una cuestión de talento, hay gente muy bien preparada.»
¿Qué diferencia el sector tecnológico de Estados Unidos y el de Cataluña / España? ¿Qué nos falta?
Nos falta financiación. No es una cuestión de talento, en Europa hay mucha gente preparada. Gente muy válida y con carreras excepcionales que están trabajando en Cataluña, si lo hicieran en Silicon Valley, ganarían diez veces más. Por otro lado, aquí en EUA hay muchos programas de entrenamiento dentro de la empresa. Te forman, cada vez eres mejor y cada vez puedes asesorar mejor a la compañía. Esto quizás también falta en Europa.
Y evidentemente es muy relevante el hecho de que aquí tenemos un ecosistema muy fuerte. Tenemos Google o Amazon y la mayoría de empresas tecnológicas tienen su sede central en EUA. Este hecho atrae talento y genera un contexto propicio. En ciudades como Barcelona hay muchísimas oficinas de empresas estadounidenses, pero funcionan más como base de ventas que como espacios creación de producto. El desarrollo de las ideas normalmente viene de EUA.
¿Barcelona tiene reputación en EUA como hub tecnológico?
En algunos círculos, tal vez. Pero en general yo diría que cuando preguntas a un americano cuáles son los países fuertes de Europa, te contestará que Alemania, Inglaterra o los Países Nórdicos. Yo estoy ayudando al Barcelona Tech City, a ACCIÓ, etc. Pero asumir que los americanos saben qué es Cataluña o entienden España, quiere decir que la gente no entiende los EUA. Los Estados Unidos son una máquina bestial que se preocupa de sí misma y de sus enemigos que principalmente son Rusia y China. Pese a qué hay mucha gente que ha viajado por Europa o incluso ha estado en Barcelona, a no ser que estén trabajando directamente en algún proyecto, no conocen el potencial de Barcelona como hub tecnológico. También es verdad que muchas veces pasa que los de California no saben qué está pasando en Montana.
«Hay muchísima gente que quiere hablar conmigo, esto quiere decir que faltan referentes que sean mujeres, necesitamos que haya y que se visibilicen más Annas».
Recientemente has sido nombrada como una de las mujeres más influyentes del mundo en el ámbito de la tecnología, ¿qué significa para ti este reconocimiento? ¿Como lo encajas?
Lo encajo muy bien (risas). Pero hay muchísima gente que quiere hablar conmigo, esto quiere decir que faltan referentes que sean mujeres, necesitamos que haya y que se visibilicen más «Annas». Sin embargo, se debe explicar lo que cuesta llegar aquí. Tienes que estar en un estado mental muy fuerte. Es un esfuerzo, una obsesión, y tienes que estar dispuesta a hacerlo.
Pero yo diría: «si yo lo he hecho, se puede hacer», «si yo he llegado, se puede llegar». Yo soy una persona que creció en Girona dentro de un ambiente muy normal.

