Bernat Farrero, emprendedor e impulsor del ecosistema startup en Barcelona

Bernat Farrero, emprendedor e impulsor del ecosistema startup en Barcelona

Entrevista exclusiva para la Festibity

Bernat Farrero, emprendedor e impulsor del ecosistema startup en Barcelona. Chief Research Officer en Factorial. Ingeniero informático formado en la Universitat Politècnica de Catalunya y con una estancia en la Università degli Studi di Brescia. Muy pronto descubrió su vocación por crear proyectos digitales orientados a resolver problemas reales de las pequeñas y medianas empresas.

Factorial es la empresa ganadora de la Mención FiberEmprenedors 2025. Un Software as a Service para la gestión de recursos humanos enfocado en pymes, con 13.000 empresas clientes de pago. Con presencia en más de 60 países, alrededor de 1.000 empleados y una previsión de ingresos recurrentes anuales que superarán los 100 millones de dólares en 2025.

Factorial se ha convertido en una de las scale-ups más destacadas de Europa. ¿Cómo surgió la idea y qué factores clave explican su crecimiento?

Factorial es la duodécima empresa que surgió de una incubadora que fundé, Ethnic, en 2009, cuando aún estudiaba en la FIB. En ningún momento trazamos un camino concreto ni planificamos llegar hasta aquí; simplemente seguimos la curiosidad, tirando de hilos que íbamos encontrando hasta dar con Factorial.

Se puede decir que Factorial es una “metaempresa”: después de haber gestionado a muchas personas en las otras 11 compañías, nos dimos cuenta de que no existía una tecnología lo suficientemente fácil de usar y que cumpliera con nuestras expectativas en el mercado, especialmente en Europa. Ante esta carencia nos vimos, de alguna manera, obligados a crearla, tanto para nuestras propias empresas como para el mercado en general.

No hay, por tanto, un único momento en el que podamos decir: “tuvimos la idea de Factorial y todo el camino nos llevó hasta allí”. En la práctica fue así, pero en realidad Factorial es la empresa número 12 de un recorrido en el que la mitad de las compañías no funcionaron y la otra mitad sí. Aproximadamente 6 funcionaron y 6 no, y 5 de ellas las acabamos vendiendo.

Cuando descubrí Factorial, vi claramente que era la oportunidad de mi vida, un proyecto al que podía dedicarme por completo e incluso el resto de mi carrera si era necesario. Por eso decidí vender todas las demás empresas y centrar todos los esfuerzos en esta. Esa decisión también fue clave para el crecimiento: permitirme focalizar toda la energía e intensidad en un único proyecto dio a Factorial la velocidad que necesitaba para crecer como lo ha hecho.

¿Cuál ha sido el mayor reto en este camino?

Retos hemos tenido muchos a lo largo del camino, y me resulta difícil destacar solo uno. Quizás el más complicado ha sido la gestión de personas: asegurarnos de mantener una cultura fiel a nuestro origen, esa cultura de builders, de gente apasionada por lo que hace, curiosa, con ganas de resolver problemas y de hacerse todas las preguntas necesarias. Esa es nuestra esencia y, a medida que hemos ido creciendo —hoy ya somos 1.350 personas—, se ha vuelto mucho más difícil preservarla.

Al principio, sinceramente, la cultura no nos preocupaba demasiado, porque era muy fácil transmitirla en un equipo pequeño, donde todos se comunicaban directamente. Pero a medida que la empresa crece, esto se convierte en un reto real —como todo el mundo dice, aunque solo lo entiendes de verdad cuando lo vives.

También hemos tenido retos importantes con la apertura de mercados internacionales, especialmente al otro lado del océano. Países como Brasil, México o Estados Unidos nos han planteado dificultades por la distancia, la diferencia horaria y la necesidad de encontrar personas capaces de liderar allí con la misma visión y energía que tenemos aquí.

Otro gran reto ha sido escalar la tecnología: ofrecemos una solución muy horizontal y multiproducto, pero al mismo tiempo debemos garantizar una experiencia unificada. Alcanzar este equilibrio ha sido —y sigue siendo— uno de los grandes desafíos de Factorial.

¿Qué visión tienes sobre el futuro de Factorial y qué objetivos estratégicos os marcáis?

Nosotros queremos ser el software más grande de Europa para la gestión de empresas, que facilite todo aquello que es común entre las organizaciones: la gestión de personas, de recursos y el cumplimiento normativo de los ecosistemas en los que operan. Todo esto es universal, son problemas que todas las empresas deben afrontar, y nuestro objetivo es ayudar al mayor número posible de ellas.

Ojalá lleguemos a centenares de miles. Actualmente trabajamos con unas 15.000 empresas, y nuestra meta es alcanzar centenares de miles y, en los próximos 3 o 4 años, lograr 1.000 millones de euros de facturación en cuotas de suscripción. Este hito ya nos situaría entre las empresas más grandes de Europa.

En 2011 fundas Camaloon, una plataforma de merchandising, y en 2013 Quipu, en el ámbito de la contabilidad digital. ¿De dónde viene tu interés por el emprendimiento y la tecnología?

Camaloon empieza como un cliente: inicialmente era una empresa de servicios, donde hacíamos productos y tecnología para terceros. Este modelo fue el que posteriormente evolucionó hacia una incubadora que acabaría creando 12 negocios; el número 12 es Factorial, que después derivó en un modelo puramente centrado en su gestión y en la gestión patrimonial.

En este proceso vendimos 5 empresas e ITNIC evolucionó: dejó de ser una incubadora para convertirse en un fondo de inversión con un enfoque más financiero, invirtiendo en proyectos sin implicarse en su gestión. Yo, personalmente, me dediqué plenamente a gestionar Factorial.

Este camino incluyó 12 empresas en ámbitos muy diferentes: movilidad, fitness, juegos, software de gestión —como Quipu, de facturación y precontabilidad— y también Camaloon, que fue el primer negocio. En ese caso, todo empezó con un cliente que me pedía un portal para vender productos de impresión en pequeño formato. Yo le propuse hacerlo juntos y fundar una empresa conjunta que fuera directamente un e-commerce, con una aplicación móvil y una web que permitiesen diseñar y crear productos digitalmente y después recibirlos físicamente en casa.

La aventura funcionó muy bien: de 2011 a 2021 la empresa creció enormemente, se expandió por toda Europa, llegó a tener 250 trabajadores y dos fábricas. Camaloon ha sido, sin duda, el caso de aprendizaje más grande de mi vida antes de Factorial. Allí pude contratar a mucha gente con experiencia y seniority, y todo lo que aprendí es lo que después me ha servido para escalar Factorial.

Te has consolidado como referente y mentor para nuevos emprendedores y startups. ¿Qué consejo darías a quienes quieren iniciar un proyecto tecnológico?

No creo demasiado en los consejos, pero sí animaría a entender bien qué implica realmente emprender. No es simplemente tener una idea y que, por ser buena, todo funcione. Emprender es un camino largo e incómodo, mucho más de lo que la gente imagina, en el que nunca sabes cuándo llegará el éxito. Por eso es fundamental disfrutar del momento y, sobre todo, tener claro que lo que haces realmente te apasiona. Más que las tareas concretas, lo que marca la diferencia es la misión que persigues, porque las circunstancias cambian constantemente.

En este camino toca enfrentarse a situaciones muy diversas: desde resolver problemas tan inesperados como desatascar un váter hasta tomar decisiones difíciles, como despedir a alguien. Son experiencias incómodas y desagradables, pero si tienes una misión, una visión y una ilusión que te mueven, y disfrutas de acercarte a ellas, esas dificultades acaban siendo solo trámites.

Por eso considero que la pasión y la resiliencia son absolutamente claves para emprender. Y añadiría otro factor esencial: el acompañamiento. Contar con un socio con quien puedas construir una relación profunda y a largo plazo —casi como una relación de pareja— es determinante. En mi caso, tengo a Romero, y sé que esa complicidad es vital, porque el camino del emprendimiento te pone a prueba de todas las maneras posibles.

¿Qué es exactamente Itnig y qué visión te llevó a crear este ecosistema de startups?

ITNIC comenzó siendo una empresa de servicios, después evolucionó hacia una incubadora y, finalmente, se convirtió en un fondo de inversión. Hoy, además de invertir en tecnología, también invierte en otros tipos de activos, como el inmobiliario y otros.

La visión de ITNIC siempre ha sido promover el ecosistema local de emprendimiento. Por eso nos centramos en la compartición de conocimiento y la formación —a través del pódcast de ITNIC—, en la creación de espacios de encuentro para emprendedores, como los que tenemos en Poblenou, y en la inversión, porque el capital, al final, es un elemento clave.

Aun así, seguramente nuestra mayor contribución será a través de Factorial: demostrar que es posible hacer crecer una start-up hasta convertirla en una gran empresa, al nivel de las americanas. Esa es la ilusión que nos mueve y la que, en última instancia, creemos que será la mejor referencia para el ecosistema.

Tu trayectoria combina la ambición internacional con el arraigo al ecosistema TIC barcelonés, del cual eres una de las figuras más activas e influyentes. ¿Cómo ves el futuro del ecosistema startup en Barcelona?

Yo veo un futuro brillante para el ecosistema startup en Barcelona.

Creo que hay muchas posibilidades. Es cierto que, a menudo, desde la administración no se ayuda o no se facilitan lo suficiente las cosas, pero en general considero que Barcelona es un lugar fantástico para emprender, crear, encontrarse y residir. Cuando emprendes, la intensidad es muy alta y necesitas estar en un entorno donde te sientas bien. Además, cuando escalas, sueles traer talento de fuera, y la ciudad debe ser un lugar donde esa gente quiera vivir.

Barcelona tiene esa calidad. Sin embargo, a nivel internacional detecto cierto miedo —incluso rechazo— al turismo, y a menudo me encuentro con conversaciones en las que parece que aquí no se quiera gente de fuera. Eso es triste, porque estoy convencido de que nos enriquecemos de la diversidad de orígenes y de perspectivas. Incorporar talento cualificado, con experiencia de otros lugares, es lo que más nos hace crecer como sociedad.

Ahora bien, no sé si como ciudad lo facilitamos lo suficiente. Hay problemas estructurales como la seguridad o, sobre todo, el acceso a la vivienda. Hoy es muy difícil mudarse a Barcelona con la situación actual del mercado inmobiliario. Ojalá seamos capaces de afrontar y resolver estos retos, porque eso nos haría mucho más competitivos desde un punto de vista económico, de intercambio de conocimiento, de innovación y de creación de ideas.

Con la perspectiva de lo que has vivido, ¿qué cambiarías?

Todo lo que acabo de comentar creo que son aspectos importantes a trabajar en la ciudad de Barcelona. Nuestro objetivo es tener el mejor lugar del mundo para emprender, y estamos convencidos de que es posible hacerlo desde aquí.

Siempre hemos puesto de nuestra parte para contribuir a crear un ecosistema local y lo seguiremos haciendo, independientemente de la posición política o estructural de la ciudad. Continuaremos invirtiendo para que emprender y crear desde Barcelona sea una realidad. Y cada día constatamos que esto está ocurriendo más.

Nos sentimos orgullosos de Barcelona.

Como FIBer, ¿qué recuerdos tienes de tu etapa como estudiante de Ingeniería Informática en la UPC?

Tengo muy buenos recuerdos. En aquel momento pensaba que era muy intenso, pero después he descubierto que, en realidad, fue un paseo.

Incluso tenía tiempo de jugar al futbolín junto al bar de la FIB. Y, sobre todo, tuve la oportunidad de conocer a personas que han sido muy importantes en mi vida y que todavía hoy siguen a mi lado en ITNIC o alrededor de ITNIC. Por ejemplo, Romero, Roger Campos o Masumi Mutsuda.

Son personas que conocí en la FIB, con quienes empezamos a crear proyectos juntos y con quienes, 20 años después, seguimos trabajando. Fue el entorno en el que recibí más estímulos e inputs: ver cómo otros estudiantes tenían clientes, cómo algunos construían productos open source… Si no hubiera estado en la FIB y expuesto a ese ecosistema, quizás no habría sido capaz de imaginar todo lo que después hemos llegado a crear.

Por lo tanto, guardo un recuerdo muy positivo de la FIB.