Entrevista exclusiva para la Festibity
Clara Prats es licenciada en Física por la UB y doctora por la UPC. Profesora de la UPC, su grupo de investigación Biología Computacional y Sistemas Complejos (BIOCOM-SC) de la misma universidad, se ha convertido en una referencia a la hora de analizar la evolución de la pandemia.
Experta del comité asesor del Gobierno de Cataluña contra la COVID-19, su línea de investigación se centra en el uso de la modelización computacional para el estudio de enfermedades infecciosas como la malaria, la tuberculosis o la propia COVID-19.
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El BIOCOM-SC de la UPC, el centro en el que trabajas con tu equipo, se ha hecho más conocido a raíz de la pandemia, pero tiene una larga trayectoria. ¿Cómo os definís?
Somos un grupo de investigación formado principalmente por físicos y matemáticos, pero que utilizamos las herramientas propias de estas disciplinas para responder a preguntas relacionadas con la biología y la biomedicina. Esto implica que trabajemos codo con codo con científicos de otras áreas en lo que se conoce como investigación multidisciplinar. Uno de nuestros ámbitos de trabajo es el de la modelización de la dinámica de algunas enfermedades infecciosas, lo que nos llevó a trabajar activamente en la COVID-19.
¿Cuáles han sido y son las principales aportaciones que habéis realizado durante la pandemia de la COVID?
Desde el grupo hemos trabajado en tres aspectos. Primero, en el desarrollo de indicadores para objetivar la situación epidemiológica y facilitar su monitorización. En segundo lugar, en las predicciones de la dinámica epidemiológica y hospitalaria a corto plazo, para facilitar su gestión. Y, en tercer lugar, en el análisis de diversos aspectos relacionados con la pandemia, como pueden ser la dinámica de transmisión en las escuelas o las estrategias de vacunación, entre otros.
«Las TIC han sido un elemento clave para predecir y controlar la pandemia.»
¿Qué os aporta el ecosistema de la UPC?
En nuestra universidad hemos encontrado el entorno que necesitábamos para poder trabajar con compañeros que nos han ayudado en ciertos momentos de la pandemia, pero también con muchos estudiantes que, mediante prácticas de asignatura o becas, nos han permitido hacer mucho más trabajo del que hubiéramos podido asumir. En estos casi dos años, más de una veintena de estudiantes han trabajado con nosotros para ayudarnos en la labor diaria de elaboración de informes de monitorización y predicción, o en la gestión de los diversos conjuntos de datos que necesitábamos para trabajar.
¿Hasta qué punto las TIC han ayudado a predecir y controlar la pandemia?
Han sido un elemento clave, no sólo por la posibilidad de tener herramientas predictivas muy robustas, sino también por todo lo que comporta la gestión del enorme volumen de datos imprescindibles para mejorar el conocimiento, la gestión y el control. También han sido un elemento clave en el progreso científico que se ha podido realizar en estos dos años, en particular para el desarrollo de las vacunas. Ha sido muy importante también la capacidad de compartir información y datos con todos los rincones del mundo. Esto ha permitido que se pudiera trabajar en paralelo desde perspectivas y con métodos muy distintos, lo que sin duda ha actuado de acelerador.
Las previsiones que habéis realizado han servido a los gobiernos para tomar decisiones primordiales. ¿Cómo habéis gestionado la responsabilidad de dar respuesta a una situación tan complicada?
Es cierto que la responsabilidad que hemos tenido nunca la habíamos tenido, pero yo creo que esta sensación de responsabilidad ha sido compartida por la comunidad científica que se ha volcado en la resolución de esta situación. Nosotros hemos intentado trabajar teniendo en cuenta siempre esta responsabilidad, intentando que la urgencia de los análisis no comportara una pérdida del rigor necesario, por sus implicaciones.
» Ante la variante Ómnicron se ha visto que una tercera dosis devuelve la protección a niveles bastante elevados.»
¿Crees que saber comunicar ha sido un factor clave? ¿Cómo has vivido la exposición mediática?
Probablemente, la experiencia que tenemos como profesores universitarios nos haya ayudado a comunicarnos mejor. Cuando un problema afecta a la sociedad en todo su conjunto y tú, como experto en alguno de sus aspectos, puedes contribuir a explicarlo mejor, pienso que es necesario hacerlo. Ahora bien, también es cierto que el día que acabe y no sea necesario mantener esta exposición mediática, será una magnífica noticia para todos.
Ante el aumento de los casos a día de hoy, ¿qué puede ayudar más? ¿La vacunación infantil? ¿El pasaporte Covid-19? ¿La tercera dosis?
Ahora mismo, sin duda alguna, la tercera dosis. La aparición de la variante Ómicron nos ha cambiado de pantalla. Sabemos que es una variante mucho más transmisible por factores intrínsecos, pero también porque escapa parcialmente a la vacunación y perdemos efectividad en la protección respecto a la infección. Por suerte, se ha visto que una tercera dosis devuelve la protección a niveles bastante elevados.
Muchas veces hablamos sobre “cuando todo esto acabe”. ¿Es plausible esperar a la inmunidad de grupo? ¿Que sea como una “gripe”?
El concepto de inmunidad de grupo debemos tomarlo como un concepto matemático, ese nivel de inmunidad donde no llegaría a propagarse ninguna ola. Con la gripe, por ejemplo, no la tenemos: cada invierno (excepto el pasado) tenemos una ola de gripe. Lo que esperamos es llegar a un nivel de inmunidad que permita un control funcional de la epidemia, donde no sea necesario tomar nuevas medidas cada vez que arranque una ola, más allá, quizá, de campañas de revacunación periódicas.
«La COVID-19 ha puesto de manifiesto la importancia de tener un sistema de investigación robusto.»
Antes de la aparición de la COVID-19 trabajabas en otras enfermedades infecciosas como la tuberculosis o la malaria. ¿Hemos dejado el resto de enfermedades a un lado? ¿Tendrá consecuencias?
Ya está teniendo consecuencias, en el ámbito de las enfermedades infecciosas, pero también en otras enfermedades como el cáncer, por el retraso diagnóstico, o las enfermedades mentales. En cuanto a la tuberculosis, que sigue causando más de un millón de muertes en el planeta cada año, por primera vez en décadas ha vuelto a aumentar el número de defunciones, después de muchos años de progresiva disminución.
¿Crees que la actual pandemia ha contribuido a valorizar el trabajo de investigación?
Me gustaría pensar que sí, que ha puesto de manifiesto ante la sociedad y, sobre todo, ante los políticos, de la importancia de tener un sistema de investigación robusto. De hecho, hemos comprobado cómo las vacunas por la COVID-19 se han inventado, mayoritariamente, en países con una larga tradición de investigación como Estados Unidos o Reino Unido.
¿En qué momento estamos a nivel de investigación en nuestro país?
Esto es difícil de decir, porque la pandemia lo ha enmascarado todo. Yo creo que en nuestro país tenemos unos científicos excelentes que tienen el mérito de trabajar con unos recursos inferiores a los de otros países y, sin embargo, realizar una investigación de calidad.
«La falta de referentes y la sacudida que supone la maternidad son las principales causas del bajo porcentaje de mujeres que se dedican a la investigación.»
La UNESCO estima que sólo un 30% de las personas que se dedican a la investigación son mujeres. ¿Cuáles crees que son sus causas?
Éste es un dato que me sorprendió mucho, cuando lo supe. Para mí, como mujer, investigar es lo más normal del mundo. Yo no soy experta en este ámbito, pero hablaría de, al menos, dos factores que me parecen importantes: la falta de referentes cercanos de mujeres investigadoras (una vecina, una madre, la amiga de tu primo…), y la sacudida que supone la maternidad en una carrera de investigadora que, tradicionalmente, se evalúa a peso.
¿Qué mensaje querrías dar a las chicas que quieran dedicarse a la investigación?
Que no lo descarten de entrada, que lo prueben. Todos tenemos derecho a equivocarnos y rectificar. Si se encuentra un buen equipo, sobre todo, y un tema interesante, la investigación puede ser apasionante. Yo me encontré en ello un poco por casualidad, pero ahora mismo tengo un trabajo que no cambiaría por nada del mundo.

