Entrevista en exclusiva para la Festibity
Biógrafo de internet, tecnólogo, profesor universitario y emprendedor digital son sólo algunas de las palabras que nos sirven para introducir Andreu Veà. Ex presidente de la Internet Society (ISOC-ES) y único miembro europeo del Internet Hall of Fame Board, ha publicado los libros Cómo creamos Internet y Tecnología para andar por casa.
Recientemente ha sido impulsor de los COVIDWarriors, una asociación de profesionales unidos en la lucha contra el Covid-19. Una tarea que le ha llevado a convertirse en «Hombre del año 2020» por la revista Esquire.
Has sido impulsor y presides a los COVIDWarriors. ¿Nos puedes explicar qué son? ¿Cómo surgió la idea de crear la asociación?
Los COVIDWarriors responden a la necesidad de innovación por desesperación. Cuando murió mi madre creé una pequeña comunidad, que se llama IP (Interesting People), de gente que he ido encontrando por el mundo y actualmente en esta pequeña comunidad somos 1.800 personas de 98 ciudades de los 5 continentes. Después, al morir mi hermano de cáncer le prometí que cambiaría la forma en que se hace investigación y de este modo nació Cancer Warriors.
Por otra parte, del 8 al 12 de marzo estuve en Viena para un proyecto de la ONU que premia aplicaciones móviles del cual yo soy seleccionador nacional español. El 12 de marzo, mientras estaba en Viena, me llamaba gente llorando porque habían muerto sus padres. Viendo esta situación, pensé que había que hacer algo y lo único que se me ocurrió fue seguir la frase que yo siempre digo: «Cuando no sepas hacer algo, trabaja en red y pídelo a la comunidad «. Al regresar de Viena, por precaución, me encerré 22 días en una habitación donde sólo tenía un móvil y conexión a internet.
En este contexto, con la experiencia previa de los Cancer Warriors y gracias a la comunidad IP, salí de aquella habitación con una asociación con casi 500 personas ingenieras voluntarias, 253 médicos de élite, 34 abogados, tecnólogos y bioinformáticos. Así nació COVIDWarriors.
Los COVIDWarriors no hacemos proyectos, hacemos realidades. El secreto es que los warriors somos doers, gente acostumbrada a hacer cosas, a gestionar personas, a buscar recursos, a navegar sola. Nuestro grito de guerra es: «No pidas permiso, ya pedirás perdón».
«Los COVIDWarriors somos gente que ha dejado su vida para ayudar, para traer 198 robots que están haciendo más de un millón de PCR al mes.»
Este es uno de los puntos de vuestro decálogo. Hay otro que es: «Haz lo que creas que a los demás les gustaría recibir». La Covid-19 ha puesto de manifiesto la importancia de la colaboración y la solidaridad. ¿Crees que hemos aprendido a ser más solidarios?
Todos no. Yo veo gente sin mascarilla, estos no han aprendido nada. Es una actitud de un gran ignorancia y falta de solidaridad. Ahora bien, en momentos de grandes crisis como la actual, hay un proceso de centrifugación, de polarización. Las personas malas se vuelven más malas y las personas buenas, más buenas. Hay gente a la que consideraba muy buenas personas y que ahora son héroes. Son gente que ha dejado su vida sin cobrar un euro para ayudar, para llevar 198 robots a 18 hospitales de toda España que ahora mismo están haciendo más de un millón de PCR al mes.
Este es posiblemente el proyecto de mayor éxito que habéis llevado a cabo; la construcción, programación y entrega a hospitales de toda España de robots que realizan PCR masivas. Un proyecto hecho en el tiempo récord de tres semanas. ¿Como lo conseguisteis?
Cada año, desde hace 12, organizo una calçotada para la comunidad IP. Es un evento de «desvirtualización» masiva. La última fue el 29 de febrero cuando el Covid-19 ya había llegado a muchos países y yo les pregunté: «¿Qué podemos hacer con todo este revuelo?» Rocío Teresa Martínez-Núñez del King’s College London estaba diseñando unos robots para su laboratorio aunque finalmente no le dejaron comprarlos. Aunque en ese momento yo no tenía dinero para comprarlos, seguimos con el diseño para hacer algo super bestia. Si lo normal era hacer 100-120 PCR al día, decidimos montar no un robot, sino una cadena de robots que hicieran 2.400 PCR cada 24 horas.
Todo esto lo hemos hecho con donaciones privadas. Una sola entidad, por ejemplo, nos dio 400.000 euros. Al principio, contacté con el señor de Corea del Sur que diseñó la primera aplicación de rastreo de contactos. Nos la regalaba para que en copiásemos el código y la utilizáramos. Dado que se debe conectar al sistema público de salud, piqué las puertas de los gobiernos a altos niveles pero no me hicieron caso. Nos encontramos las puertas cerradas y fue muy frustrante. La administración pública te pide tantas cosas para que no defraudes, que habríamos hecho realidad el proyecto el próximo año y teníamos mucha prisa. Así que decidimos salir adelante con proyectos que las administraciones no pudieran parar, como ha sido el caso de los robots, y con inversiones privadas.
Fue una misión que supuso el esfuerzo de mucha gente. Estuvimos 25 días y 24 noches programando y con el tiempo récord de 3 semanas pusimos en marcha un proyecto de un año y medio en un momento en que el país estaba paralizado y la movilidad bruscamente reducida. Para ello contamos con voluntarios a los que empoderamos. Por ejemplo, diseñamos unas piezas en una fábrica de juguetes de Alicante. Cuando ya teníamos las piezas no había transporte, así que el propietario de la fábrica vino en coche hasta Madrid. Y para llevar la mitad de las piezas hacia Barcelona, empleamos el único que quedaba en movimiento en un país parado: el tren de Alta Velocidad. Al final hemos regalado a 18 hospitales (los que más PCRs hacían) de 14 provincias con una capacidad total de un millón de PCRs al mes.
¿Puede cualquier profesional unirse? ¿Qué tiene que hacer?
Sí pero para entrar a la comunidad IP siempre pedimos 2 avales y superar 12 pequeñas pruebas. Por un lado, no queremos cantidad sino calidad. Por la otra, quien entra debe tener muy presente que nos ayudamos los otros sin esperar nada a cambio y no todo el mundo es así. Pero para formar parte de los COVIDWarriors, solo es necesario rellenar este formulario para inscribirse.
Más allá de los robots, tenéis muchos otros proyectos. ¿Cuáles son?
Los COVIDWarriors tenemos 14 divisiones. Como esto es una guerra con un enemigo invisible, teníamos una war room y cada división estaba dirigida por un general warrior, que normalmente era una mujer. Cada noche durante 172 días seguidos a las 21:30h nos reuníamos virtualmente para mejorar todos los proyectos que iban haciéndose realidad.
Uno de estos proyectos se Derecho a Conectarse para que gente que se encontraba aislada se pudiera despedir de su familia. La situación era brutal. Hemos repartido 3.000 tabletas gratuitamente en residencias y hospitales. También tenemos el proyecto Conectemos Ya para ayudar a romper la brecha digital en las familias de riesgo garantizando la conectividad y la distribución y reutilización de dispositivos. Ahora estamos trabajando en medidores de CO2 de bajo coste para colocar 70.000 en todas las aulas de escuelas y universidades. Con el proyecto Transcendencia ayudamos a las familias que no han podido enterrar a sus seres queridos. Entre muchos otros.
«Estamos perdiendo la oportunidad de hacer con IA un sistema que pueda reconocer si tienes Covid-19 o no según el tipo de tos.»
Como bien comentas, uno de los problemas que se han puesto más de manifiesto con la aceleración de la transformación digital ha sido la brecha digital. ¿Qué otros retos crees que nos plantea la revolución digital?
La seguridad y la disponibilidad de los datos, dos aspectos que se tensionan. Estamos perdiendo la oportunidad de hacer con inteligencia artificial un sistema que pueda reconocer si tienes Covid-19 o no según el tipo de tos porque el GDPR, Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea, dice que no puedes grabar nombre del usuario. Paradójicamente, mientras, Facebook te sigue espiando, y sabe incluso las horas que duermes y con quien duermes. Facebook sabe 100.000 campos por registro tuyos. Como humanos nos hemos instalado en una situación bastante absurda.
La utilización de tecnologías como la inteligencia artificial o el Big Data nos plantean algunos dilemas éticos. ¿Crees que debemos humanizar la tecnología?
La tecnología proporciona herramientas y como herramienta, la puedes coger con unos objetivos o con otros. La tecnología siempre es neutra, el uso que haces, es otra cosa. Hay que trabajar sobre este uso. Sino la humanidad hubiera podido decir: «No inventamos la espada porque corta». Bueno, también puede hacer muchas otras cosas. Yo me dedico a hacer avanzar la humanidad con tecnología de forma disruptiva.
En tu libro Tecnología para andar por casa comentas que el gran salto tecnológico que estamos viviendo se produjo cuando los ordenadores se han disfrazado de otras cosas. ¿A qué te refieres? ¿De qué toca ahora disfrazarlos?
Actualmente los móviles son ordenadores. A pesar de que les seguimos diciendo móviles, éstos desaparecieron cuando los disfrazamos de ordenadores. Sería el caso de un Nokia, por ejemplo. Ahora toca disfrazar la televisión y el coche.
Las televisiones empiezan a ser ordenadores, ya no son teles. Ya las tienes que conectar a internet. En los años 70 Alvin Toffler la clavó diciendo que los aparatos que van por cable acabarán yendo por radio y que todos los que van por radio irán por cable. Y efectivamente, estamos abandonando los teléfonos fijos y ya hemos empezado con la tele por cable, es decir, conectada a internet.
En cuanto a los coches, ya existen coches que llevan un ordenador incorporado que lo controla todo, todo está centralizado. Y esto se llama Tesla. La capacidad de autoconducción será una realidad en menos años de lo que creemos. Actualmente, la conducción está matando 1.400.000 personas al año en el mundo. La conducción autónoma es mucho más segura. De hecho, Singapur ya se está planteando prohibir los conductores humanos.
«Puedo afirmar sin ninguna duda que internet es la revolución definitiva de las comunicaciones humanas.»
¿Es internet la revolución definitiva de las comunicaciones humanas?
¡Por supuesto! La voz, el lenguaje, es una comunicación de una persona a otra. Después, la imprenta de Gutenberg fue la gran revolución porque la comunicación pasó a ser de una persona a n individuos. Uno escribe y n leen. Pero internet permite la comunicación de n a n, es decir, de muchas personas a muchas otras. Una persona puede tener un blog, escribir en la Wikipedia, o subir un vídeo a Youtube. En definitiva, puede convertirse en un canal de manera fácil y natural.
Internet en un futuro podrá ser más rápida o más eficiente pero ya no podrá superar la comunicación de n a n. Así pues puedo afirmar que internet es la revolución definitiva de las comunicaciones humanas.

