Artículo escrito por Paula Santandreu, vicepresidenta y coordinadora de las Young IT Girls. Graduada en Ingeniería de Obras Públicas por la UPC y cursando un máster Mundus en Flood Risk Management.
Lo que quiero hacer ver con este pequeño artículo es que, aunque la ingeniería parezca un área de estudio impersonal, tiene un gran impacto en la sociedad.
Para una buena parte del mundo Occidental, el Día Internacional de la Mujer (el 8 de marzo) es un evento conocido y celebrado. Gracias al máster Mundus que estoy cursando, he tenido la oportunidad de pegarme un baño de realidad sobre la situación del feminismo fuera de Europa.
El año pasado, por estas fechas, estudiaba en un ambiente completamente diverso e internacional. Viendo que seguramente sería una oportunidad única organicé una mesa redonda para hablar sobre feminismo, especialmente en el ámbito de la ingeniería y la gestión de riesgos (como inundaciones, sequías, etc.). Mis compañeros, que son todos titulados en ingeniería (mayoritariamente Civil) provienen en gran parte de Asia y Sudamérica y muchos ya han ejercido en sus países. Previamente al evento preparé un poco las temáticas de las que podríamos hablar (micromachismo, brecha salarial, etc.). Ahora bien, hasta que no empezamos a hablar no me di cuenta de que había estado viviendo en mi pequeña burbuja europea. En los primeros minutos salieron temáticas que creía inexistentes dentro del mundo de la educación superior y que convertían temas de debate como el micromachismo en minucias. Un ejemplo de estas temáticas vino de manos de mis compañeras de Sri Lanka, India y Bangladesh. Ellas contaron que si eres mujer de cierta edad, muy posiblemente tendrás que estar casada y pedir permiso a los suegros para poder hacer un máster (como era su caso).
Otra experiencia que me impactó ampliamente vino de la boca de un compañero de Bangladesh. Este explicaba que cuando trabajaba evaluando la vulnerabilidad económica de algunas poblaciones frente a una inundación en su país de origen, tenía que tener en cuenta si esa familia tenía hijas o hijos. Esto se hacía ya que en muchas poblaciones rurales todavía sigue existiendo la dote. Es decir, si una familia tenía hijas, debía incluirse en el estudio que en ciertos años aquel núcleo familiar perdería un porcentaje de sus ingresos en detrimento de su futura familia política.
Finalmente, lo que me afectó más no vino de unos de mis compañeros durante ese acto, sino que fue unas semanas después por parte de un profesor. Durante una lección sobre justicia social se nos explicó que está estudiado y comprobado que durante una situación extrema, los hombres tienen más tendencia a perder la vida, ya que las convicciones sociales los empujan a tomar este rol de «protector» y poner los demás por encima de ellos mismos. Sin embargo, lo que se olvida es que después de la catástrofe, en muchos países en vías de desarrollo, son las chicas y las mujeres las que pasan a ser las más vulnerables. Una catástrofe fácilmente te puede hacer perder, por ejemplo, tu casa y la cosecha gracias a la que te alimentas. En circunstancias extremas como éstas, los poderes institucionales están desbordados y no tienen medios para actuar en contra de las frecuentes «ventas» o uso de las hijas como moneda de cambio para obtener recursos. Adicionalmente, muchas niñas y mujeres pierden a sus familias (y protección) quedando expuestas a violaciones y trata. Es decir, después de sobrevivir una calamidad como es un huracán, y haberlo perdido todo, para muchas, lo peor aún está por venir.
Lo que me estremeció fue lo normalizado, dentro de sus sociedades, que estaban las historias que mis compañeros y profesores compartían. Lo que quiero hacer ver con este pequeño artículo es que, aunque la ingeniería parezca un área de estudio impersonal, tiene un gran impacto en la sociedad. Si, por ejemplo, las personas e instituciones encargadas de analizar la vulnerabilidad de una zona expuesta a catástrofes no están sensibilizadas con la situación de las mujeres en esa área, es fácil crear un «caldo de cultivo» para acciones machistas, o caer dentro del machismo institucional empeorando y normalizando su situación.
Finalmente, me gustaría haceros ver que en países como el Estado español todavía nos queda mucho camino por recorrer, pero eso no debería hacernos olvidar y valorar todo lo que hemos conseguido (con mucho esfuerzo) y que muchos países todavía están a décadas de distancia.

