Joan Majó, ingeniero, empresario i político

Joan Majó, ingeniero, empresario i político

Entrevista exclusiva para la Festibity

Joan Majó i Cruzate es doctor ingeniero industrial por la UPC de Barcelona y cursó, sin terminarla, la carrera de Ciencias Políticas en la Complutense de Madrid.

En el campo empresarial ha sido fundador y presidente de Telesincro, de Sogelco y de Automatic Toll Systems. También ha sido presidente de Olivetti, de Nova Icaria,, de la sociedad del 22@ y de TecFoundries.

Entre otros cargos, en el sector público fue Decano del Colegio de Ingenieros y estuvo en el Ministerio de Industria y Energía de 1983 a 1986, primero como Director General de Electrónica e Informática, y después como Ministro. Fue Conseiller Hors-class de la Comisión Europea con responsabilidad en la política europea de telecomunicaciones, televisión e informática desde 1989 y hasta 1995. También fue presidente del WG Information Society Forum en Bruselas, y del European Institute for the Media en Dusseldorf. De 2003 a 2008 fue Director General de la Corporación Catalana de Radio y Televisión.

Ha publicado varios libros como “Chips, cables y poder” (1997) y “El mundo que viene…ya lo tenemos aquí” (2014).

En los años 60 revolucionó el panorama tecnológico fabricando el primer ordenador de todo el Estado. ¿Cómo surgió la idea? ¿Cómo fue el proceso?

De pequeño ya me hacía para mí receptores de radio con válvulas, resistencias, condensadores y después transistores. En la Escuela de ingenieros cogí la especialidad de electrónica y entré en contacto con los primeros ordenadores que había en España (IBM) y viví la explosión de los transistores. En los años 60 fundé, junto a dos socios, la empresa TELESINCRO, dedicada a construir automatismos transistorizados de control industrial, y así asistí al inicio de los primeros chips. Inspirado en unos pequeños ordenadores que vi en Eindhoven, en PHILIPS, nos pusimos, junto a otros dos o tres ingenieros, a diseñar y a fabricar nuestros propios ordenadores (FACTOR) que tuvieron un gran éxito en el mercado catalán y español (llegamos a ser más de 400 personas). La empresa terminó siendo vendida a FUJITSU.

Con todo el tiempo que lleva en el mundo tecnológico, ¿se imaginaba que la tecnología cambiaría el mundo tal y como lo habíamos entendido hasta ese momento?

Creo que sí veía hacia dónde íbamos y que crearíamos una nueva época después de la que hemos llamado industrial. Sin embargo, no podía adivinar algunas de las cosas que han ido pasando ni, sobre todo, que pasarían con la velocidad con la que lo han hecho.

«Cuanto más veía lo que podíamos hacer con las tecnologías, más me entusiasmaban, pero más convencido estaba de que eran una gran fuente de progreso, pero también representaban un gran peligro de desigualdad.» 

Durante varios años se dedicó a la política y llegó a ser Ministro de Industria e Ingeniería. ¿Cómo pasó del sector tecnológico a la política? ¿Qué le motivó a dar ese paso?

Hubo dos razones complementarias. Por un lado, yo ya había estado haciendo “parapolítica” durante la época predemocrática, en la que debíamos hacerlo clandestinamente (en el Colegio de Ingenieros y en organizaciones de carácter religioso como el ICESB, Justicia y Paz o Cristianos por el Socialismo, entre otros). A principios del 70 ya participé directamente en la fundación de Reagrupament Socialista i Democràtic con Pallach y Verde y, después, en la creación del actual PSC. Por otra parte, cuanto más veía lo que podíamos hacer con las tecnologías, más me entusiasmaban, pero más convencido estaba de que eran una gran fuente de progreso, pero también representaban un gran peligro de desigualdad. Evitarlo era un deber de la política y del servicio público y para ayudar a evitarlo también quería estar presente en ese otro lado.

En 2014 publicó el libro “El mundo que viene… ya lo tenemos aquí”. ¿Cuál es la característica principal de este mundo?

Tanto en el libro de 1997 (“Chips, cables y poder”) como en el de 2014, como en la mayoría de los artículos que he publicado, se pueden encontrar ideas concretas y específicas de lo que acabo de explicar. Es decir, señalo la trascendencia de las nuevas tecnologías digitales, tanto en el campo de la información como en el de las comunicaciones, aseguro que se podrán crear muchas nuevas herramientas que nos permitirán mejorar el bienestar de las personas en muchos aspectos, lo que ya ha pasado durante este último siglo, pero que también pueden aumentar los niveles de desigualdad si estas herramientas llegan a unos sí ya otros no.

La revolución disruptiva que representa la digitalización y la automatización, ¿hasta qué punto modificará nuestras formas de producir y de vivir?

Se trata de una nueva época que no sé cómo la definiremos (por ahora algunos hablan de postindustrial), pero que nos cambiará el modelo de vivir, de consumir y de producir. Esto viene reforzado por un momento histórico en el que nos damos cuenta de que el planeta no es sostenible, ni por recursos ni por residuos contaminantes, para una población de las dimensiones de la actual, si todos continuáramos o adoptáramos el modelo que tenemos ahora los países desarrollados.

«Actualmente para conseguir más bienestar necesitamos disponer y ser propietarios de herramientas materiales, mientras que en el futuro una parte importante del bienestar vendrá de un acceso fácil a servicios.»

Oímos muchos discursos sobre cómo la automatización hará perder puestos de trabajo. En el extremo contrario, hay quien dice que se van a crear muchos más puestos de trabajo. ¿Cuál es su opinión?

Creo que la automatización y la digitalización harán desaparecer puestos de trabajo del sector de la fabricación de herramientas materiales, aunque el desarrollo de los países emergentes incorporará nueva demanda y aumentará su necesidad.

Para mí lo más importante es que actualmente para conseguir más bienestar necesitamos disponer y ser propietarios de herramientas materiales, mientras que en el futuro una parte importante del bienestar vendrá de un acceso fácil a servicios, de pago o, en algunos casos, gratuitos. Menos aparatos individuales, más instrumentos colectivos y acceso a más servicios. En el caso de la movilidad, el cambio será muy importante. Por tanto, menos trabajo industrial, más trabajo de servicios colectivos, más trabajo de servicios digitales, y más trabajo de cuidado personal. Por otro lado, más teletrabajo o trabajo a distancia, que no significa necesariamente trabajar desde casa, sino desde centros de trabajo que supongan menos desplazamientos, menos coste, ahorro de tiempo y menos contaminación.

La utilización de tecnologías como la inteligencia artificial o el Big Data nos plantean algunos dilemas éticos. ¿Tenemos que poner límites?

Es evidente que sí. Yo destacaría sobre todo tres. Por un lado, la apropiación, la acumulación, la utilización y la venta de datos personales por parte de las plataformas tecnológicas. En segundo lugar, la utilización de algoritmos no transparentes de IA para que máquinas puedan tomar decisiones que afectan a las personas. Y, en tercer lugar, la capacidad de manipular, deformar o falsificar la realidad y poder distribuirla sin control alguno y, sobre todo, de forma anónima. Es necesario regular el nuevo sector impidiendo que los datos personales puedan ser objeto de negocio de algunos, pero también instrumento de control de los gobiernos. Existe una paradoja muy clara en relación con el anonimato; los datos personales recogidos y utilizados para el progreso de la ciencia o de los servicios públicos deben tener un carácter anónimo, pero la distribución en el espacio virtual de informaciones falseadas tiene que estar prohibida o penalizada. Si la distribución es anónima la responsabilidad tiene que caer sobre el distribuidor.

«La convivencia exige la regulación de las libertades personales para mejorar el bienestar colectivo.»

¿Ha ido más rápido la tecnología que la sociedad a entenderla y los gobiernos a regularla? ¿Cuál cree que ha sido el ámbito más afectado?

¡Por supuesto! Sin entender lo que está pasando es muy difícil realizar una buena regulación, que es urgente e imprescindible. Existe una mezcla de voluntad de apropiación de la oportunidad de hacer negocio por parte de empresas privadas, y una notable incapacidad de las administraciones públicas de tener la experiencia necesaria y la voluntad política de abordarlo. A esto se añade el componente demagógico de la exaltación de la libertad personal sin límites. Pensamos cómo estaríamos si a la llegada de una nueva herramienta, el coche, no se hubieran establecido límites de velocidad o no se hubieran puesto semáforos en los cruces… La convivencia exige la regulación de las libertades personales para mejorar el bienestar colectivo.

La pandemia ha acelerado la introducción del mundo digital en algunos ámbitos, como en casa y en la escuela. Esta situación, ¿qué reflexiones le ha generado?

Como ya he dicho, el desplazamiento diario al puesto de trabajo representa pérdida de tiempo y coste personal, incidiendo en la sostenibilidad global. Es necesario impulsar el vehículo colectivo y acelerar la transición energética, pero también reducir los desplazamientos en todas aquellas actividades que lo permitan. No todo trabajo se puede hacer plenamente a distancia, ya que las piezas de un coche, las patatas a recoger, o el enfermo a operar, piden el desplazamiento de quien lo hace. Pero incluso en casos como éstos puede haber parte importante de actuaciones no presenciales. Pero ir demasiado lejos en este cambio suprimiendo, por ejemplo, todas las reuniones presenciales en una empresa o visitas personales al médico, puede ser contraproducente. Teletrabajar no debe suponer sólo trabajar desde casa. Las fábricas o los despachos han sido diseñados por el trabajo que hay que realizar, pero la gran mayoría de las casas estuvieron diseñadas sólo para vivir, y esto crea muchos problemas. Una buena solución sería la extensión de centros de tipo coworking asequibles en todo el territorio.

En relación con la escuela hay que tener en cuenta que su objetivo no es sólo la transmisión de conocimientos, lo que puede hacerse en parte telemáticamente, sino la socialización de los alumnos y la adquisición de capacidades y valores, y esto pide el contacto y la convivencia. La presencialidad, si no total, debe ser importante.

¿Qué nos depara el futuro? ¿Tiene una visión optimista?

Soy optimista porque las sociedades han tirado casi siempre por adelante. Sin embargo, creo que el futuro depende en gran parte de nosotros y de nuestras respuestas a los elementos que nos vienen de fuera, y estamos en unos momentos que no veo claro que, ni todos los ciudadanos ni todos los políticos, estén actuando con la contundencia y urgencia que los cambios piden.