Entrevista exclusiva para la Festibity
Jordi Torres es profesor de la FIB y Senior Researcher en el Barcelona Supercomputer Center (BSC).
Durante la 13.ª edición de la Festibity fue galardonado con la Mención FIB como reconocimiento a la labor desarrollada en la vida de la facultad.
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Bajo un techo rojo, entre la capilla de la torre Girona y tras los jardines de Pedralbes, está el MareNostrum 4, el supercomputador más potente de Europa y a finales de 2022 finalizará la construcción de su sucesor MareNostrum 5, en un nuevo edificio y permitirá procesar grandes cantidades de datos para impulsar proyectos de investigación en áreas como Ciencias Computacionales, Ciencias de la Vida, Ciencias de la Tierra y Aplicaciones Computacionales en Ciencia e Ingeniería.
Barcelona cuenta con el privilegio de tener uno de los supercomputadores más avanzados del mundo. ¿Cómo podrán los supercomputadores resolver problemas reales del día a día?
“Somos la Fórmula 1 de la supercomptutación”, tal y como dice Mateo Valero, alma máter de este centro de investigación internacional. Y de problemas reales a resolver, piensa que en el BSC trabajamos más de 800 personas y, por lo tanto, se está haciendo investigación e innovación en muchos frentes. Para poner un ejemplo muy actual —entre centenares— que nos afecta de lleno: sin la capacidad de computación del supercomputador Marenostrum que tenemos, y del equipo de investigación que lo está usando, no se podrían hacer algunos de los estudios a escala mundial de efectos del cambio climático. Pero a la vez, por el hecho de ser un centro de investigación internacional y tener una máquina de referencia a escala mundial, permite ser también referentes en otros muchos ámbitos; para poner un ejemplo, el BSC albergar el Archivo Europeo de Genomas y Fenomas, que es el repositorio de datos genómicos de referencia a Europa, garantizando su seguridad y permitiendo su uso en la investigación en salud por parte de todos los grupos de investigación del mundo.
“Somos la Fórmula 1 de la supercomputación.”
Se habla mucho de soberanía tecnológica, o como proyectos como el MareNostrum nos permiten gestionar la infraestructura de una manera más próxima. Aun así, todavía nos encontramos muy ligados en empresas no europeas, ¿hay perspectiva de cambio a futuro?
Mira, tocas un tema que Mateo Valero hace años que está pregonando por las instituciones europeas, persiguiendo a todo el mundo porque nos pusiéramos ya a trabajar para resolver esta dependencia que tenemos con actores de otros continentes en el sector de los microchips. Desgraciadamente, ha hecho falta la crisis de desabastecimiento de chips del 2021— que todos conocemos — porque la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijera que Europa quiere volver a ser soberana en este aspecto de cara al 2030. Fantástico, mejor tarde que nunca, ¿no crees?
Dicho esto, todavía aspiramos un paso más desde un centro de supercomputación como el BSC, que es hacer un supercomputador a partir de estos chips europeos. Parece lógico, ¿verdad? Desde el BSC se está ya haciendo buen trabajo para conseguir que un futuro Marenostrum — nuestro sueño seria que el MareNostrum 6— ya tuviera un corazón computacional totalmente europeo.
“Nuestro sueño sería que el MareNostrum 6 ya tuviera un corazón computacional totalmente europeo.”
¿Cuáles son en estos momentos los problemas que afectan la computación? Por un lado hay la cuestión de la dificultad de producir chips.
Hay varios problemas que afectan la computación, pero yo creo que el problema capital es el que apuntas tú, el de la dificultad de garantizar la disponibilidad de microchips para poder ponerlos en un supercomputadores. Mira, el sector de los microchips tiene tres ámbitos: la investigación, el diseño y la fabricación. Por ejemplo, el ecosistema europeo que tenemos alrededor del próximo ordenador MareNostrum 5 es muy fuerte en el primer ámbito y también tiene presencia en el segundo, pero en el tercero, ¡es inexistente!. Y poder fabricar, este tercer ámbito, implica inversiones de miles de millones de euros.
De momento, Intel acaba de anunciar que construirá una fábrica de semiconductores en Alemania.Por otro lado, recordaréis que hace unos días el presidente del gobierno español Pedro Sánchez anunciaba una inversión muy importante en este tema de los microchips. No te puedo decir gran cosa más, con solo que creo que en los próximos meses veremos muchos movimientos en el ámbito de Europa alrededor de los microchips, puesto que sin duda este es el muelle del hueso de una sociedad digitalizada como la que ya nos encontramos a Europa.
Los nuevos modelos de inteligencia artificial presentan todo un reto por los supercomputadores actuales y se que quedan pequeños, ¿qué significa pues, un “supercomputador a escala planetaria”?
¡Ya veo que has leído mi blog! ¿Verdad? A ver, pongamos las cosas en contexto, ¡y no te creas todo el que leas! Que cada día se requieren supercomputadores más potentes para ejecutar aplicaciones de inteligencia artificial (IA) es sabido para cualquiera que haya leído sobre cómo se entrenan los modelos de IA actuales.
Ahora bien, hablar de «supercomputador a escala planetaria por la IA» de momento es solo un término que apareció en un reciente artículo de Microsoft del cual me hice eco en un post de mi blog. El título del post era llamativo, ciertamente, para poner el artículo en el radar de mis estudiantes de máster a la UPC, considero muy interesante la solución que proponen para poder entrenar modelos de IA de forma distribuida en su red de centros de computación que tienen en todo el mundo. Ahora bien, decir que «incluso los supercomputadores han quedado pequeños para los retos que presentan los nuevos modelos IA» es una provocación para que los estudiantes se descargaran el artículo. ¡Ya ves como nos las tenemos que pensar los profesores para captar el interés de los alumnos!. Pero si la entrevista me la haces nuevamente de aquí en un año, quizás ya será así, y no una exageración, porque como saben todos los FIBERS, todo va muy deprisa en el mundo de la informática y me atrevo a decir que la computación distribuida a gran escala será el siguiente paso en el entrenamiento de los modelos de IA.
¿La ética es uno de los principales retos a los que se afronta la tecnología actual?
Ciertamente, cualquier adelanto tecnológico que pueda beneficiar a la humanidad, puede hacerse un uso indebido y perjudicarla. Por ejemplo, en general se considera un gran adelanto el uso actual de la inteligencia artificial (IA) en los robots que acompañan ya a los cirujanos y de este modo mejorar la precisión en delicadas operaciones quirúrgicas. Pero a la vez, el campo de la inteligencia artificial ha evolucionado de manera extraordinaria en el ámbito militar; es cada vez más frecuente el uso de vehículos no tripulados y otros robots en operaciones militares. En esta línea, el desarrollo de sistemas de armas autónomos ha abierto — como no podía ser de otra manera— un fuerte debate por sus implicaciones éticas y legales. Pero incluso en tareas próximas a nuestro día a día profesional, como el de filtrar currículums en la contratación de personal de nuestra empresa o calcular la solvencia crediticia de las personas en nuestra entidad bancaria, pueden usar IA para mejorar los procesos. Y todos hemos leído que estos procesos pueden discriminar o perjudicar por sesgos de los algoritmos que se usan.
Tratar de mitigarlo es complicado: hace falta estudiar muy bien todo el proceso de creación del algoritmo, la base de datos con la cual se ha entrenado, pasando por la manera de implementarlo, etc. Sin duda un proceso complejo y costoso, pero que se tiene que hacer. Bien, con estos tres ejemplos bastante diferentes quería mostrarte la magnitud del problema y que realmente urge el debate ético que se deriva, porque la IA ya ha penetrado — y más que lo hará— de manera sigilosa en nuestra sociedad.
“Urge el debate ético que se deriva, porque la IA ya ha penetrado — y más que lo hará— de manera sigilosa en nuestra sociedad.”
Por lo tanto, con lo qué dices, ¿se tendría que limitar el uso de la inteligencia artificial?
Cierto, se podría preguntar por qué tendríamos que elegir abrir la caja de Pandora en cuanto a continuar investigando y desarrollando la inteligencia artificial.
La respuesta es que teniendo en cuenta los problemas que nos encontramos sobre la mesa, como humanidad no nos podemos permitir el lujo de dejar la inteligencia artificial guardada en un cajón. Tenemos que ser conscientes que nuestra civilización es el resultado de aplicar la inteligencia humana, y en este momento tener acceso a una inteligencia muy mayor, gracias a una amplificación del intelecto y la creatividad humana fruto del uso de la inteligencia artificial, puede ser una oportunidad para abordar los grandes retos a los cuales nos enfrentamos los humanos.
Por lo tanto, si no podemos prescindir de la inteligencia artificial porque nos ayude a solucionar algunos de los retos tan importantes de la humanidad, ¿cómo podemos evitar los riesgos que comporta su uso actual y futuro? Aquí juega un papel clave el marco regulador, para ayudar a poner reglas del juego. A nadie le gusta ser regulado, pero todo (automóviles, aviones, comida, medicinas, etc.) que es un potencial, pero a la vez un peligro para la sociedad, está regulado. Yo creo que las aplicaciones específicas de la inteligencia artificial tienen que ser también reguladas y, en algunos casos, prohibidas a medida que la IA continúa avanzando y aconteciendo más omnipresente. Ahora bien, es fácil decirlo; no obstante, difícil hacerlo, ¡soy consciente! Estoy reflexionar un poco para poder expresarlo en un libro divulgativo sobre la IA que estoy intentando escribir.
¿La inteligencia artificial está sacando los humanos de la ecuación? ¿Los algoritmos sustituyen las neuronas humanas?
¿Y esta pregunta?, ¿cómo se te ha ocurrido?, ¡ya veo que alguien te ha filtrado el título del libro que estoy escribiendo! ¡Tienes buenos contactos! Bien, lo qué me dices es una manera de describir lo que en mi opinión está sucediendo. No hay duda que estamos inmersos en una revolución tecnológica liderada por la IA que está cambiando el mundo en que vivimos, en una velocidad que nunca antes hemos experimentado los seres humanos, rodeándonos de máquinas gobernadas por algoritmos que las hacen cada vez más «inteligentes». Ahora bien, al mismo tiempo no hay un consenso en la sociedad sobre donde nos llevará esta revolución, con una división de opinión muy polarizada (como sucede últimamente en casi todo).
“No hay duda que estamos inmersos en una revolución tecnológica liderada por la IA que está cambiando el mundo en que vivimos a una velocidad que nunca antes hemos experimentado.”
Por un lado, hay quién cree que la IA es una alidada que podrá aportar soluciones a los grandes retos que se le están presentando —y presentarán— a nuestra sociedad. Por otro lado, hay la creencia totalmente opuesta, que la IA es una enemiga de la humanidad, quizás por la influencia que ha tenido la ciencia ficción dando la impresión a los lectores y espectadores que las máquinas conscientes son posibles, y son una cosa a temer. Seguramente uno de los motivos principales de esta división de opiniones es la confusión sobre que se entiende por inteligencia artificial, a menudo porque ponemos en el mismo saco aquella IA que ya nos rodea en nuestro día a día y aquella que pretende funcionar como una mente humana o incluso con aquella que pretende superar nuestro cerebro con cierto aire de distopía. Sinceramente, para esta última IA nos hacen falta unos cuántos adelantos disruptivos, y va para largo—creo yo—.
Ahora bien, todo va muy deprisa como ya hemos dicho antes, y ponemos como ejemplo jugar a ajedrez, que a primeros de la informática se veía el juego como una prueba para medir la capacidad de las máquinas gobernadas por algoritmos. Cuando estudiábamos informática muchos de los FIBERS —los más mayores— que leen estas líneas, los programas conseguían jugar a ajedrez, y ganar solo si el oponente no era un maestro del ajedrez. Pero poco tardó que esto cambiara y todos recordamos cuando la máquina Deep Blue ganó al campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov con un algoritmo programado por informáticos de IBM donde el algoritmo se inspiraba en jugadas de grandes maestras de ajedrez. Pero es que ahora ya tenemos algoritmos que aprenden solos — no necesita ni la ayuda de un programador humano ni el conocimiento de grandes ajedrecistas— como es el caso del algoritmo AlphaZero de DeepMind, que aprende a jugar a partir simplemente de conocer las reglas del juego — y convertirse en el mejor jugador del mundo—.
Durante el 2021 se anunció un proyecto del BSC de la UE financiado con 60 millones de euros para construir el primer hub de computación cuántica del sur de Europa, de qué tratará, ¿qué ofrece?
Pues para el BSC es un proyecto muy estratégico para el futuro, puesto que se espera que culmine en la construcción e instalación en Barcelona del primer computador cuántico del sur de Europa. Es un proyecto de investigación complejo y ambicioso, en el que participan más de 20 universidades y centros de investigación de todo España con el objetivo añadido de ser el embrión de un ecosistema español de computación cuántica, que como bien sabéis es una tecnología en la cual hay muchas esperanzas puestas y se tiene que estar si se quiere ser un centro de investigación puntero.
“La computación cuàntica es un paradigma de computación diferente del que teníamos hata ahora, se basa en el uso de cúbitos, una especial combinación de unos y ceros.”
Los bits de la computación clásica pueden estar en 1 o en 0 — como nos enseñaron en la FIB—, pero solo en un estado a la vez, mientras que los cúbitos pueden tener los dos estados simultáneamente.
Los investigadores de esta área esperan que con este nuevo enfoque de la computación se puedan empezar a explorar algunos problemas que nunca podremos resolver con la computación clásica. Pero francamente, este nuevo paradigma de computación ya se me escapa. Yo os propongo que, si queréis saber más del tema, busquéis en redes intervenciones de la doctora en computación cuántica Alba Cervera del BSC que explica fantásticamente bien los temas relacionados con la computación cuántica.

