Lluís Màrquez, investigador y profesor en el ámbito de la IA

Lluís Màrquez, investigador y profesor en el ámbito de la IA

Entrevista exclusiva para la Festibity

Lluís Màrquez es investigador y profesor en el ámbito de la inteligencia artificial y el procesamiento del lenguaje natural (NLP). Ingeniero informático por la FIB y doctor por la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), ha desarrollado una trayectoria internacional de más de una década en centros de investigación y entornos industriales de primer nivel, como el Qatar Computing Research Institute (QCRI) y Amazon AWS, donde ha trabajado en proyectos de IA aplicada a gran escala.

Recientemente ha regresado a la UPC, al Departamento de Ciencias de la Computación, con el objetivo de contribuir al impulso de la investigación, la docencia y la transferencia de conocimiento en el ámbito de la inteligencia artificial. Actualmente es vicedecano de Planificación y Estrategia en Inteligencia Artificial en la Facultad de Informática de Barcelona (FIB). Su experiencia combina investigación académica, innovación tecnológica y colaboración con la industria, con una clara vocación por formar a nuevas generaciones de profesionales en tecnologías avanzadas.

¿Qué te motivó a volver a la UPC después de 12 años en centros internacionales como QCRI y Amazon?

Volver a la universidad ha significado cerrar un ciclo. He regresado a casa para reencontrarme con las motivaciones iniciales de mi carrera: la formación, tanto en el ámbito docente como en el de la investigación. Lo hago, además, aportando la experiencia adquirida en centros de investigación aplicada y en la industria puntera del sector TIC, donde he podido conocer de primera mano distintas maneras de entender la innovación científica.

¿Cómo ha evolucionado tu visión de la investigación desde que saliste de la UPC hasta tu regreso reciente?

En mis inicios tenía una visión de la investigación más académica y centrada en la resolución de retos intelectuales dentro de un entorno experimental. Con el tiempo, esta perspectiva ha evolucionado hacia una visión mucho más finalista: hoy entiendo la investigación como un motor de innovación con un gran poder transformador. Considero esencial que los científicos también trabajemos para garantizar que el conocimiento se transfiera a la sociedad de forma segura, útil y eficaz, convirtiendo la investigación en tecnología puntera que aporte un valor real a los usuarios finales.

¿Cómo te ha influido tu experiencia en entornos internacionales como el Qatar Computing Research Institute (QCRI) y Amazon en tu manera de entender la investigación y la colaboración global?

La investigación moderna siempre ha tenido una dimensión global, especialmente desde la aparición de Internet, que facilitó el acceso a la información y las comunicaciones en tiempo real. Considero que la colaboración abierta es esencial para un progreso científico sólido y seguro; sin embargo, en la actual era de la inteligencia artificial observamos una creciente desconexión entre el mundo académico y la industria privada. Mientras que la universidad prioriza el conocimiento compartido, la industria tiende a la opacidad debido a los fuertes intereses competitivos que se generan. Además, la concentración de recursos y poder científico en el sector privado ha agravado este desequilibrio. A mi entender, es vital recuperar el espíritu colaborativo y garantizar que los avances en modelos y algoritmos se publiquen de manera abierta, asegurando así que la innovación sea transparente y beneficiosa para toda la sociedad.

¿Qué lecciones o prácticas profesionales crees que puedes aportar del sector privado al mundo académico?

La experiencia en el sector privado aporta una visión pragmática que puede resultar muy enriquecedora para el mundo académico. En primer lugar, el énfasis en la eficiencia y la agilidad en la toma de decisiones y en la gestión de proyectos permite una ejecución más dinámica a todos los niveles. En la industria es habitual tener que tomar decisiones en entornos de incertidumbre o con información incompleta, una habilidad que fomenta una rápida adaptabilidad ante los cambios constantes del sector y que, al mismo tiempo, incentiva el ensayo y error. Por último, es necesario que la universidad mantenga una conexión más directa con los avances que impactan en la sociedad, facilitando que la docencia y la investigación universitarias respondan de forma más efectiva a las necesidades reales del mundo actual.

¿Qué objetivos te marcas ahora que ocupas una posición de liderazgo académico y estratégico en la FIB?

El recién creado vicedecanato de Planificación y Estrategia para la Inteligencia Artificial surge de la necesidad de dar respuesta al impacto creciente de esta tecnología en la sociedad. Mi principal objetivo es seguir consolidando la FIB como la facultad de referencia en IA, tanto en la excelencia de nuestros estudios de grado y posgrado como en la transferencia de conocimiento. Para lograrlo, trabajamos en tres ejes fundamentales. En primer lugar, potenciamos la coordinación entre los distintos agentes de la UPC para impulsar iniciativas conjuntas y marcos de referencia sólidos. En segundo lugar, realizamos un análisis crítico y constante de los avances en IA para garantizar que nuestros planes de estudio y herramientas docentes estén siempre a la vanguardia y mantengan los máximos estándares de calidad. Por último, nuestra prioridad es velar por que toda la enseñanza y el uso de la IA en la facultad estén alineados con valores éticos, sociales y de sostenibilidad, promoviendo siempre una tecnología responsable y centrada en las personas.

¿Qué cambios crees que debe hacer la formación universitaria para preparar mejor al alumnado en campos de alta tecnología como la IA y la computación?

El principal reto de la formación universitaria en campos de alta tecnología, como la IA, es reducir la distancia entre la velocidad del progreso tecnológico y la capacidad de la universidad para adaptar sus planes de estudio. Es necesario que la institución deje de ser reactiva y pase a ser proactiva, integrando contenidos de frontera de forma más ágil. En el ámbito de la inteligencia artificial, esto implica no solo enseñar la tecnología, sino también utilizar herramientas de IA generativa para transformar la docencia y el aprendizaje de los estudiantes en disciplinas clave, como la programación.

Esta adaptación al nuevo escenario debe llevarse a cabo sin miedo, pero manteniendo siempre los principios de rigor, pensamiento crítico y ética que nos definen. Por último, para generar el talento que la sociedad y la industria necesitan, es fundamental potenciar colaboraciones estratégicas que permitan a los estudiantes acceder a recursos y entornos de trabajo donde puedan desarrollar proyectos realistas. Solo así podremos formar profesionales preparados para liderar un futuro tecnológico en constante cambio.

En cuanto a las diferentes áreas de la IA, ¿cuáles crees que están teniendo un impacto más significativo en el mundo empresarial y social en la actualidad?

El impacto de la inteligencia artificial en el mundo empresarial y social ha sido de una rapidez y profundidad sin precedentes. Desde la aparición de ChatGPT hace apenas tres años (noviembre de 2022), hemos pasado de una fase de sorpresa tecnológica a una integración cotidiana en la que estas herramientas ya son inseparables de nuestra productividad. ¿Quién se acuerda de cómo era el mundo antes de ChatGPT?

Actualmente, este impacto se consolida a través de varias áreas fundamentales:

  1. La IA generativa y los sistemas agénticos han transformado el trabajo intelectual al actuar como “copilotos” en la programación, la redacción y la creación multimedia. En el ámbito empresarial, la evolución hacia sistemas agénticos permite ahora delegar tareas administrativas complejas de forma autónoma, mientras que, en el ámbito social, se ha democratizado la creación de contenidos y se ha abierto la puerta a la educación personalizada mediante tutores adaptativos.
  2. El procesamiento del lenguaje natural está eliminando las barreras lingüísticas globales, facilitando una comunicación intercultural instantánea y optimizando radicalmente la atención al cliente y el análisis de sentimientos a gran escala.
  3. La IA en salud y ciencias de la vida es quizá el área con mayor impacto humano, acelerando el descubrimiento de fármacos y la precisión diagnóstica. La medicina personalizada ya no es solo una promesa de futuro.
  4. La visión por computador y la robótica trasladan la inteligencia al mundo físico. Su impacto es crítico en la automatización industrial, la logística inteligente y el desarrollo de sistemas de transporte autónomos, mejorando la seguridad y la eficiencia en entornos laborales y urbanos.
  5. El aprendizaje automático para la toma de decisiones sigue siendo el principal motor económico en sectores como las finanzas, la energía y la cadena de suministro. La capacidad de predecir tendencias y optimizar precios o recursos en tiempo real genera un valor competitivo indispensable en la economía actual.

¿Cuáles crees que serán las principales oportunidades y retos tecnológicos que afrontará la comunidad investigadora en IA durante la próxima década?

Durante los próximos años, el gran objetivo tecnológico será la búsqueda de la llamada Inteligencia Artificial General (AGI). El objetivo es alcanzar modelos con capacidades transversales superiores a las humanas, un hito que podría ofrecer beneficios inmensos en ámbitos como la salud, la energía o la gestión de los recursos del planeta. Aunque los sistemas actuales tienen grandes capacidades y conocimiento enciclopédico —y, por ejemplo, resuelven problemas matemáticos y de razonamiento de alto nivel—, aún presentan debilidades críticas: son inconsistentes, generan información no factual (alucinaciones) y sus mecanismos internos de inferencia siguen siendo una caja negra.

A medida que estas capacidades se expanden, la seguridad y el alineamiento ético han dejado de ser cuestiones secundarias para convertirse en pilares estratégicos. El reto ya no es estrictamente tecnológico, sino de gobernanza: es necesario crear marcos regulatorios que mitiguen riesgos como los sesgos algorítmicos, la proliferación de deepfakes y el posible impacto en el mercado laboral. Científicos de referencia, como los considerados padres de la IA moderna Geoffrey Hinton o Yoshua Bengio, incluso advierten sobre riesgos existenciales si el desarrollo de la AGI no se gestiona con una supervisión humana rigurosa. También será necesario abordar la sostenibilidad del modelo, ya que el creciente consumo energético de estos sistemas plantea un serio dilema medioambiental.

Actualmente nos encontramos en medio de una competición global por la AGI en la que grandes corporaciones y potencias tecnológicas invierten recursos económicos y energéticos astronómicos para ser las primeras en alcanzarla. En este escenario, el mundo académico tiene un papel fundamental pero diferenciado del de la industria. Dado que no podemos competir en la carrera de la computación a gran escala, nuestro objetivo prioritario debe ser la investigación de modelos más escalables, sostenibles y, sobre todo, seguros y justos. La academia debe actuar como un observador independiente y vigilante, encargado de evaluar los riesgos con rigor y de garantizar que el progreso tecnológico sea racional, transparente y orientado al bien común.

¿Has participado en la elaboración, comisión o gobernanza de la Estrategia Cataluña IA 2030?

Desde la FIB, y concretamente desde el vicedecanato de IA, hemos seguido de cerca la Estrategia Cataluña IA 2030, hemos estudiado sus detalles y hemos trasladado nuestra firme voluntad de participar en ella como centro de referencia de la UPC. Esta estrategia es un instrumento del Gobierno de la Generalitat de Cataluña liderado por la Secretaría de Políticas Digitales. Las universidades catalanas, y la UPC en particular, participamos como parte esencial del ecosistema de la inteligencia artificial, en representación del talento en Cataluña.

La FIB, como pionera en estudios de informática e IA desde 1976 y con una colaboración consolidada con el sector público y privado, aspira a tener un papel relevante en los grupos de trabajo que se deriven de esta estrategia. Actualmente, contamos con una estrategia propia para atender tanto la creciente demanda de estudios de calidad —como los grados y másteres ya existentes en la facultad, GIA y MAI— como las necesidades del mercado laboral ante la eclosión de nuevas profesiones en IA y ciencia de datos.

¿De qué manera pueden las universidades técnicas como la UPC contribuir a la transferencia de tecnología y al arranque de proyectos empresariales basados en IA? ¿Cómo ves la colaboración entre el sector académico y las empresas en Cataluña y España?

La colaboración entre la universidad y la empresa se articula a través de diversos mecanismos que van desde proyectos de investigación competitivos —nacionales y europeos— hasta proyectos de innovación bajo demanda. En este sentido, las universidades técnicas como la UPC tienen un papel crucial en el desarrollo de la investigación básica de estos proyectos, a través de sus grupos de investigación, y en el diseño de pruebas de concepto que las empresas a menudo no pueden abordar por sí solas. Un ejemplo de éxito es el InLab FIB, que actúa como centro de innovación canalizando proyectos, en gran medida de IA, que provienen directamente del sector privado.

Actualmente, con la eclosión de la IA generativa, las empresas buscan talento especializado para optimizar sus procesos de gestión y comunicación y mejorar su productividad. Desde hace años, la FIB lleva a cabo una intensa labor de conexión con el tejido empresarial para dar a conocer el perfil de nuestros graduados y posgraduados. Los cientos de convenios firmados para la realización de proyectos en empresa —como trabajos de fin de grado y de máster— representan una puerta de entrada directa al mercado laboral: cuando las empresas comprueban la excelencia de nuestros estudiantes, la colaboración suele consolidarse. Por último, las tesis doctorales industriales son otro mecanismo de colaboración que actualmente está en auge.

No obstante, se observa una dicotomía en el sector: mientras que las pymes y muchas empresas tecnológicas apuestan por proyectos colaborativos, las grandes corporaciones TIC tienden a un modelo más cerrado para proteger la propiedad intelectual. En estos casos, la colaboración se centra más en la captación de talento mediante internships que en la transferencia de tecnología compartida. El objetivo de la universidad debe ser, por tanto, mantenerse como el eje vertebrador de este ecosistema de talento e innovación.

Como FIBer, ¿cómo crees que se puede contribuir desde el Club Festibity?

El Club Festibity organiza eventos de éxito y volumen crecientes que son vitales para nuestra comunidad. Estas iniciativas, como la Festibity anual promovida por FIB Alumni y coordinada por la FIB, actúan como un puente eficaz entre el mundo académico, las instituciones y el sector empresarial, facilitando un punto de encuentro clave para los profesionales del sector TIC.

Cualquier actividad que fomente este conocimiento multidireccional entre el sector privado, las instituciones públicas y los FIBers —tanto estudiantes actuales como antiguos alumnos— representa un avance estratégico. Estos encuentros no solo posicionan a la universidad como la principal fuente de talento para las necesidades de las empresas, sino que también se convierten en una puerta de entrada inmejorable al mercado laboral para nuestros graduados.

¿Qué consejo darías a tus estudiantes que aspiran a una carrera en investigación internacional y liderazgo académico?

A mis estudiantes les digo que les toca vivir en primera línea una época excepcional de transformación tecnológica y social; ellos son, de hecho, los arquitectos del futuro. Este escenario ofrece oportunidades inmensas para quienes dominen la inteligencia artificial y la ingeniería de datos, pero también es un entorno altamente competitivo y marcado por la incertidumbre que conlleva este ritmo tan acelerado de cambio.

Mi consejo es que se formen con rigor y que sigan su vocación con la máxima pasión y energía. En un mundo tan dinámico, la investigación requiere un compromiso firme, pero también una gran responsabilidad ética: deben trabajar para que este progreso sea inclusivo y beneficioso para toda la sociedad.